Las palabras le llegaron al pensamiento, más rápidas que al oído. No sabía cómo había desarrollado esa capacidad tan repentina pero agonizó un gesto y se borró de sus sentidos la capa escolta que le envolvía el estomago… no sabía ni que eso existía pero si que lo supo cuando sintió su ausencia.
Un farolito amenazó a la razón y empezó a darse por vencido olvidando su condición. Aún así, el sentido de la naturaleza sin dificultad alguna resopló por el aliento arrugándole la mejilla, y la respiración le confirmó que no se tenía inquietar más por lo innato… cuando hay alma de fiesta la circunstancia es lo de menos.


1 de ellos se han manifestado:
Muy interesante tu blog.
Te sigo, un abrazo.
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